EL PODER DE HITO STEYERL

14/03/18 — POR

La artista y ensayista alemana, dueña de una obra llena de ironía y guiños a la cultura popular, se convirtió en la primera mujer en liderar el ránking de los personajes más influyentes del mundo del arte, según la prestigiosa revista «ArtReview». El medio destacó su visión crítica y conciencia política: ya sea trabajando sobre la sociedad hipermediatizada o sobre el modelo económico en el que se erige el sistema artístico, ella ha hecho del arte una plataforma para el activismo.

Por Evelyn Erlij.

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Dicen que las guerras de los Balcanes comenzaron en la televisión. Que, antes de que los yugoslavos levantaran las armas para atacarse, una serie de imágenes aparecidas en las pantallas locales empezaron a desatar el caos y los odios. En un ensayo sobre la cobertura mediática del conflicto, la investigadora serbia Saša Markuš cuenta que en los noticiarios de Croacia se mostraban cadá- veres y se decía que eran compatriotas asesinados por los serbios. En los canales de Serbia, en tanto, se difundían las mismas imágenes, pero con una lectura inversa: eran, supuestamente, cuerpos de serbios masacrados por croatas. Más allá de este caso particular, la moraleja del ejemplo es sencilla: el poder que las imágenes han adquirido en las últimas décadas es descomunal.

Hito Steyerl (Múnich, 1966) ha construido su obra audiovisual en torno a éste y otros temas que definen el mundo contemporáneo, pero también se ha dedicado a escribir sobre ellos con una lucidez y un ojo crítico extraordinarios. De ahí que el anuncio de su elección como el personaje más influyente del mundo de las artes visuales de 2017, según la revista británica «ArtReview» –un puesto que por primera vez obtiene una mujer y que antes tenía el curador suizo Hans Ulrich Obrist–, pueda entenderse como un mensaje político: en un medio artístico convertido en un negocio multimillonario, la figura de Steyerl emerge como la de una pensadora-activista, la de una artista-combatiente que no teme denunciar las estructuras de poder que sostienen la industria de la que es parte. Su obra está compuesta por esculturas, videos e instalaciones nacidas de largas investigaciones en torno a ideas como la vigilancia masiva en la era de Internet, el impacto generado por la proliferación descomunal de imágenes y las formas de seguir siendo humano en un mundo saturado por la tecnología y la inteligencia artificial. Varios de esos tópicos también los ha desarrollado en ensayos publicados en plataformas como «e-flux» –uno de los principales centros de pensamiento sobre arte contemporáneo– y en libros, entre los que están «Los condenados de la pantalla» (2014), editado por Caja Negra Editora; y el reciente «Duty Free Art» (Verso Books, 2017), cuyo subtítulo es «Arte en la era de la guerra civil planetaria».

La indiferencia ante conflictos bélicos, masacres, catástrofes y otros tipos de violencia en tiempos de exceso de imágenes son temas recurrentes en su obra audiovisual y escrita, y el uso de la ironía y de las referencias a la cultura popular son algunas de las herramientas que utiliza. «November» (2004), por ejemplo, es una película filmada como una cinta de Kung-Fu en la que ella y su amiga Andrea Wolf, activista alemana y militante del Partido de los Trabajadores de Kurdistán, protagonizan una historia de héroes y villanos en la que sólo Wolf sobrevive y pasa a la historia. Como un vaticinio fatídico, poco después el video se hizo realidad, pero en un sentido inverso: Wolf murió ejecutada por militares turcos debido a sus actividades políticas y se convirtió en una leyenda. El ejemplo es radical, pero funciona como alegoría de una de las ideas que trabaja Steyerl: las imágenes tienen tanto poder que ya no son una representación de la realidad, sino que SON la realidad.

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«Are museums site of a battle field?», 13ª Bienal de Estambul.

Tras nombrarla el personaje más influyente, «ArtReview» explicó su liderazgo en el ránking Power 100, definiéndola como una artista que piensa a la manera de una ensayista y como una ensayista que trabaja al modo de una artista. “El arte contemporá- neo es posible gracias al capital neoliberal, además de Internet, las bienales, las ferias de arte (…), las crecientes desigualdades salariales (…), la evasión de impuestos, el lavado de dinero”, escribe en «Duty Free Art». Esa conciencia crítica la hizo merecedora de la distinción: “Steyerl está a la cabeza de esta lista porque busca activamente alterar los nexos de poder”, explicó el medio.

IMÁGENES POBRES

En diciembre de 2017, el «New York Times» dedicó a la creadora, académica y teórica alemana el siguiente titular: “Hito Steyerl es una artista con poder. Lo usa para generar cambios”. En el artículo, el diario estadounidense le atribuye la invención de un nuevo paradigma de artista, que ya no es un genio solitario, sino un pensador interconectado, un creador de redes. Steyerl, de hecho, además de haber formado a varias generaciones con sus clases en la Universidad de las Artes de Berlín, también es famosa por dar conferencias masivas en las que desarrolla sus teorías y trata algunos de los temas que la inquietan, como la forma en que el arte “es parte de un sistema global desigual, que subdesarrolla algunas zonas del mundo y superdesarrolla otras”, o los mecanismos de control que supervisan nuestras vidas.

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Pieza de videoarte «HOW NOT TO BE SEEN: A Fucking Didactic Educational», Mov File. 2013. Still image, single screen 1080p .mov file, 14min. © Hito Steyerl. Courtesy Wilfried Lentz Rotterdam.

“Hoy lo más importante es invisible. El amor es invisible, la guerra es invisible, el capitalismo es invisible”, dice una voz que suena a reportaje televisivo y que se escucha en la pieza de videoarte «How Not to Be Seen: A Fucking Didactic Educational. MOV File» (2013), uno de los trabajos más famosos de Steyerl y en el que desarrolla, a través del humor y de una estética publicitaria y kitsch, la imposibilidad de ser anónimo hoy, en tiempos en que Internet –con sus algoritmos, Google Maps, redes sociales y sus herramientas de vigilancia global– nos convierte en sujetos rastreables, o peor: en productores de datos transables e imposibles de borrar. Aunque ha expuesto en algunas de la instituciones más importantes del mundo, como los museos Reina Sofía y el de Arte Contemporáneo de Los Angeles; en documenta Kassel o la Bienal de Venecia, Steyerl no duda en arremeter contra los cimientos de un sistema artístico-mercantil que, según escribe, “se alimenta se las migajas de una redistribución masiva y extensa de la riqueza”. Desde su visión, el arte contemporáneo tiene aspectos positivos –como tener creadores pensando la sociedad– y negativos, como el hecho de ser “un parque de juegos autorizado para un mundo confuso y derrumbado por la desregulación vertiginosa”.

Siguiendo los pasos de su mentor (el artista y cineasta alemán Harun Farocki), Steyerl también ha desarrollado su trabajo en torno al basural audiovisual generado por los excesos del capitalismo de la información, a la constante producción de “imágenes pobres”, es decir, de baja calidad y resolución; archivos intangibles que descargamos, compartimos, reeditamos y reformateamos en Internet. Estas imágenes copiadas y pegadas hasta el infinito, que serían la pesadilla del filósofo Walter Benjamin –preocupado del aura del original de una obra–, pierden su sustancia visual y material, pero recuperan su impacto político, según la artista, pues ganan velocidad de circulación en un mundo donde tienen el poder de afectar la realidad.

En ese sentido, las Artes Visuales son más que una suerte de “moneda alternativa” o de inversión personal para compradores con poder adquisitivo; más que una pieza al interior de una galería o museo: son también, como lo demuestra Hito Steyerl, una plataforma para pensar, concientizar y generar cambios en la sociedad.

Comentarios

  • "El cine tiene que producir sosiego", Azorín (1873- 1967), escritor español.
  • “Lo que más valoro es la observación del movimiento de los colores”, Auguste Macke (1887- 1914), pintor expresionista alemán.